Conversar desde la Resistencia Articulatoria

José Daniel Ochoa Nájera

Vivimos una época difícil, tiempos donde lo posible parece imposible; hay crisis dicen los especialistas, vivimos una crisis civilizatoria que deriva de la crisis del lenguaje. Hay un lenguaje colonial, aunque otros le llaman el lenguaje de la razón, no lo niego pues esto es posible, una razón que niega la emoción y el sentido del existir. Se trata de un lenguaje diseñado imponer lo que debemos decir sobre la realidad y general de la vida; es un lenguaje que impone lo qué y cómo debemos decir, qué y cómo debemos mirar, qué y cómo debemos escuchar; y ojo, no estoy diciendo lengua, son lenguajes.

Es necesario mirar ese lenguaje que se expande por todos las territorialidades, mentes y corazones, porque solo tomando conciencia de ello es posible reinventar nuestros modos de vivir hoy, hay necesidad de vivir la vida construyendo memoria, construyendo la historia desde las experiencias que germinan en los mundos sistemáticamente desmemoriados, invisibilizados, silenciados y despojados de sus lenguas y de sus palabras. Me escucho, y parecería que mi lenguaje es de dolor y de coraje, y es cierto, algo hay de eso así lo siento dentro de mi ser; más aún, también siento que tengo la voluntad de no quedarme atrapado e inmovilizado en la emoción del dolor y tampoco del coraje; por el contrario, es el dolor y el coraje el asidero donde germinan mis palabras para mostrarme ante ustedes en la voluntad de conversar, de empalabrar nuestras realidades y subjetividades y alteridades otras; es decir se trata de un dolor resignificándose y abriéndose a las múltiples posibilidades de habitar de otro modo el mundo que nos habita, otro modo que no sea la negación, sino de una dialéctica articulatoria que devele nuestra capacidad de organización entendida ésta como una revolución en defensa de la vida.  

Chiapas, que es de donde vengo, es un Estado en guerra, pero no solo Chiapas, México está en guerra, una guerra que fue declarada al gobierno federal y estatal el primero de enero de 1994, por los pueblos otros: Bats’i k’op –tsotsil-, Bats’il k’op –tseltal- y Tojol’ab-al -tojolabal- principalmente, y como ejército en guerra se nombraron EZLN, cuya carga histórica impulsa a moverse.

Ese primero de enero de 1994 el pueblo mexicano se despertó con el grito de ¡ya basta! En ese grito estallaba la emoción del dolor contenido durante siglos por los pueblos otros, los más diversos de Chiapas,  en ese grito se sembraba la esperanza, la utopía de nuca más un México sin nosotros, un mundo donde quepan muchos mundos, un grito que declaraba el tiempo del florecimiento de la palabra de los pueblos originarios; sin embargo, para ello era y es necesario hacer ese desmontaje de creencias naturalizadas en nosotros asumirnos inferiores racialmente. Nada ha sido fácil, más por el contrario ha sido un camino tormentoso, incluso en muchas ocasiones con lenguajes amorosos e inclusivos, un caminar muy cuesta arriba. Las múltiples cabezas de la hidra capitalista parece multiplicarse queriendo devorar la esperanza, pero en esa misma medida nuestras miradas se abren con mayor intensidad y nos estamos dando cuenta que está siendo posible ese mundo de mundos, así lo miramos.

Fueron pocos días donde las balas hablaron, luego vino el cese al fuego, sin embargo, ya el mundo había mirado que en Chiapas habitaban otros pueblos, otros hombres, otras mujeres, otroas también; el mundo también miro que las condiciones de vida eran en muchos casos inhumanas, muchos acontecimientos sucedieron y siguen sucediendo, pero para no perder la intención de mi palabra me ubicaré en esa fecha histórica del 16 febrero de 1996 ¿Qué paso en esa fecha? Representantes del Gobierno Federal y el EZLN firmaron Los Acuerdos de San Andrés, en el poblado de Sakamchen de los Pobres –San Andrés La Rainzar-. Así que desde esta experiencia germina mi mirada y lenguaje que voy a decir, no hablare mucho, porque el movimiento es intenso, y retiemblan en su centro la tierra. Solo hablaré de una experiencia laboral que se articula con este movimiento, esperando aperturar la mirada clínico critica desde el estar haciendo.

Así pues en el apartado de Educación y Cultura de dichos acuerdos se señala lo siguiente la “Creación de institutos indígenas que estudien, divulguen y desarrollen las lenguas indígenas y que traduzcan obras científicas, técnicas y culturales. El gobierno del estado de Chiapas creará en el corto plazo, un Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas”, y en cumplimiento de este acuerdo, el único, es que el 19 de julio de 1997 acontece y surge este Centro, mayormente conocido como CELALI, el desafío no era menor habría que luchar contra todo esos sistemas de creencias  “Nuestras lenguas fueron nombradas dialectos, nuestras historias se las llamaron cuentos, mitos, fabulas. Nos dijeron pueblos sin historia, sin cultura. Así nos construyeron una historia que no es la nuestra, pero que la asumimos, un modo de mirarnos y de asumirnos; de pronto ya no había tanta necesidad que el otro nos negara, pues esa historia construida desde fuera y por el otro, ya había sido asumida en nuestras mentes y corazones. Pero en este acontecer del Celali, inmediatamente supimos que nos encontrábamos en una situación de sentido histórico, era una cita con la historia ubicada en el presente, se trataba de estar conociendo un lenguaje, categorías y semánticas sociales desconocidas; además enfrentábamos la mirada de incredulidad por parte del otro para conducir nuestro propia destino en la administración.

El compromiso de querer hacer cosas desde nuestra legitima otredad estaba trazado, ahora ¿Cómo y qué queremos que el mundo, los mundos nos miren? Parecería estar claro esta parte: Estudiar y divulgar las lenguas indígenas, y en esa misma intensidad la práctica de la traducción. Al principio, no vislumbramos la dimensión de la encomienda, parecía todo sencillo, cada una de estas actividades las fuimos desarrollando así como nos decían que debería de ser nuestro hacer, nos disciplinaban para sujetarse a la norma y a los parámetros, y desde esta sujetación  poder estar bien. Ese no era el camino, reconocemos que no muy pronto nos dimos cuenta que la obediencia nos imposibilitaría construir algo diferente, algo que respondiera al origen del movimiento, procurar justicia y equidad en cada una de esas actividades, así parecería imposible alcanzar las esperanzas enunciadas en el apartado referido, pero teníamos claro que la lucha por las lenguas y los lenguajes era la lucha por la vida. Así caminamos haciendo camino, aprendiendo y desaprendiendo, mirándonos y remirándonos, descubriéndonos y asombrándonos de nuestras especificidades históricas y culturales. Con todo lo adverso, el 19 de julio de 2017, Celali, cumplió su primer Katún, 20 años de caminar promoviendo a la diversidad cultural y lingüística, provocando al mundo para que abra sus ojos a los saberes de los pueblos originarios, y por otro lado cambiar la mirada que se tiene de estos pueblos desde el exterior. Y ahora sumamos la necesidad de no instalar prácticas neocoloniales en el interior del movimiento.

Hoy en el despertar de la tercera década de este siglo XXI podemos hablar de otras circunstancias, de otras épocas, de otras posibilidades del movimiento indígena. Como he dicho cada una de las actividades encomendadas, por citar, la enseñanza y la traducción en lenguas originarias  lo hicimos sin mayor reparo, pero el tiempo nos hizo ver  la necesidad de construir posibilidades de sentido.

Resignificar como una práctica del resistir resintiendo:

El arte de la traducción

La traducción asumida como arte, es un proceso en constante movimiento de la imaginación, creación y recreación de los lenguajes, de los mundos; es un conversar de lógicas y de signos que exige, para quien vive este experienciar, volver la mirada a lo vivido, y en este retorno a la memoria poder alimentar de vida, de sentir más que de razón el lenguaje comprendido. Es un darle sentirlo y lugar en la mente y el cuerpo toda esa urdimbre simbólica que hacen del traductor un Ser peculiar y singular.

En este conversar de lógicas, de mundos, la traducción es un encuentro de posibilidades de reinvención de la existencia, de justicia y de equidad cognitiva, no se trata de significar de la misma manera los mundos que conversan y de instalar las mismas miradas a lo complejo, por el contrario se trata de ampliarla.

Desde esta mirada es como en el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas ha venido dándole sentido y significando la experiencia de la traducción del español a las lenguas de Chiapas. Ha sido, sin duda todo un aventurar, retos en donde las experiencias han puesto al descubierto diversas emociones instaladas históricamente pero que se potencian en el presente, emociones que aún están habitando en la piel, en la mente y en el corazón de todos aquellos hombre y mujeres que han  que hospedan la lengua con todo ese contenido simbólico histórico.

Desde estas distintas emociones; con voluntad y esperanza, es como se le da sentido a este conversar de saberes, llamado sjelawtesel k’op[1] –traducción- en el CELALI. A decir verdad en un principio no fue posible mirar límites y posibilidades de esta hermosa práctica. Falsas creencias nos cobijaron en un principio, llegando a creer que bastaba con ser hablante de una lengua indochiapaneca, además del español para poder hacer una traducción y asumirse como traductor[2]. Estos fueron los límites que fueron trazando el camino para llegar a este momento de significación y resignificación[3] de la traducción, y con mucho más esperanza y sueños se alcanza a vislumbrar no solo una justicia lingüística y cognitiva; es la justicia que hace trascender al sujeto mismo.

Pero este trascender[4] se vislumbra en la medida de poder conversar en la apertura de mente y corazón, es ahí en donde se posibilita la construcción de otra sociedad con un sentido más humano que renace desde la profundidad del lenguaje. Esta esperanza nace porque en el seno de las poblaciones indígenas, hoy en día se observa otros avasallamiento a los modos peculiares y singulares de ser y estar[5] en el mundo, todo esto provocado por la seducción del mundo moderno, esta modernidad deshumanizante que despoja deposa de sentidos, de sueños y de esperanzas, incluso podemos destacar que nos ha despojado de nuestras lógicas de ser con el otro, nuestro humano humano.

II. La enseñanza de lenguas originarias ¿Un movimiento decolonial?

Vivimos tiempos difíciles[6]: tiempos de desprecio, de incredulidad, de inseguridad, de coraje, de hambre, de individualismo, son tiempos líquidos de incertidumbre lo llama Sygmunt Bauman, son tiempos difíciles. Justo en esta época cuando la diversidad en todos los sentidos de todas las instituciones sociales parecería estar más propagada y promovida, una época en donde el discurso parecería decantarnos por la comunidad que se construye desde y con las legítimas diferencias, justo ahora la comunicación parece ser menos posible, la era tecnológica devasta al individuo.

Hay más posibilidades para escudriñar desde la práctica de la enseñanza, para ello es importante saber elegir lo que se quiere enseñar, que es lo que se elige enseñar, que es lo que se elige aprender

La enseñanza de otros modos de ser del Ser, desde de la diferencia, pero un lugar en la defensa de la diferencia, pero justo inmediatamente es absorbido por las huestes de la globalidad.

La reflexividad acerca de la enseñanza de lenguas originarias, necesita hacerse de modo distinto a la enseñanza de lenguas como el inglés, alemán, francés, incluso del español mismo ¿Por qué? Es la pregunta, aprender cualquiera de las lenguas hegemónicas en el mundo tiene toda una determinación claramente definida, en tanto que lenguas como el Bats’i k’op, Bats’i k’op, Lakty’añ, Otetzame, nos devela un mundo histórico, pero también un mundo posible ¿Por qué elegimos y/o aprender una u otra lengua?

Nuestro estar experienciando la enseñanza de lenguas originarias en el CELALI, la definimos como una experiencia embrionaria que ha transitado por diversas fases que se mimetizan en el movimiento social con pretensiones de búsqueda de las subjetividades colectivas e individuales.

  1. Primera fase es el momento de inquietud y necesidad por la enseñanza de las lenguas indígenas con la finalidad de su fortalecimiento. En este primer momento  muchas de las estrategias de enseñanza eran asimiladas desde el español; sin duda, esto provoco un estancamiento en el proceso. Sin embargo, valioso porque hizo posible la formación de recursos humanos, necesidad que se va disolviendo en la construcción de sentido a la experiencia.
  2. Segunda fase es el momento de reconocer la debilidad, los vacíos, falta de materiales didácticos, métodos, estrategas, modos y formas ontológicos. El déficit nos colocó en situaciones de límite aperturando nuestra mirada a las posibilidades del diseño de los materiales desde las matrices culturales y lingüísticas. Fue así que aprendimos a reflexionar ¿Cómo se forma una persona en un mundo Bats’i k’op, Bats’i k’op, Lakty’añ, Otetzame? Deriva de ella algunos resultados: Paquetes didácticos publicados en los años 2008, 2009 y 2016 en diversas lenguas originarias.
  3. En la tercera vislumbrar a potencialidad el horizonte, fase la enseñanza de lenguas se resignifica como un dispositivo de justicia cognitiva, es decir se trata de provocar que esta actividad trascienda de la enseñanza a la emancipación del pensamiento, para ello es importante hacer visible los mundos que se erigen en cada uno de esos entramados lingüísticos. Por lo tanto se pone énfasis en el sentido humano de la lengua. Y como sabemos las lenguas mayas y zoques ponen énfasis en la necesidad de comunidad y no de individualidad.

Por ello la enseñanza de lenguas originarias es una práctica pedagógica con pretensiones de develar mundos posibles.

Esta experiencia que se gesta desde nuestros modos de caminar y estar haciendo camino en la “enseñanza” de lenguas bats’i k’op y bats’il k’op, la articulamos nombrándola como pedagogía de la necesidad, necesidad de míranos y ser mirados desde nuestras matrices culturales para poder abrir nuestra mirada y escucha al mundo. Necesidad de hacer nuestros los vacíos para el proceso: inexistencia de metodologías –modos y formas-, asimismo materiales didácticos que nos permitieran compartir la historia, la vida que se contiene en los sonidos, las palabras, las frases y discursos que emanan desde esos paisajes lingüísticos; necesidad de hacernos cargo, preguntándonos ¿Por qué la inexistencia de todo ello?

Y finalmente nuestra necesidad de florecer y potenciarnos desde esta complejidad que nos muestra este mundo de mundos hoy, es decir la necesidad de un florecimiento con los otros sonidos, otras palabras, otros discursos y otros paisajes lingüísticos. Es decir no se trata de resignificar nuestra práctica de enseñanza con las mismas estrategias de negación de la que fuimos víctimas, ahora es necesario aprender a desde la organización pues solo con ella y en ella será posible derribar al sistema hegemónico, neoliberal y opresor en el que vivimos, para eso es necesario hacer que el otro, los otros despierte, abran su mirada, para que se den cuenta de su condición; también son sujetos otros que están siendo determinados, pero “su estado de confort” no les permite vislumbrarse críticamente[7] porque no ha experienciado la negación y el desposo cultual como lo han vivido los pueblo originarios.

Potenciar la resistencia desde la resintencia

Que difícil resulta comprender a los pueblos indígenas hoy, en verdad que difícil comprenderlos desde su realidad, desde su legítima otredad, y resulta más difícil aun porque están siendo mirados desde esas categorías que están siendo impuestas y determinadas desde el exterior, a través de ese lenguaje estrictamente impuesto; esa imposición categórica para mirarlos, impiden mirarlos desde sus modos tan peculiares de construir el mundo.

Esta colonialdad del lenguaje, que es lo mismo a decir colonialdad del saber, alcanza su mayor éxito cuando al interior de los pueblos se hace uso de ese lenguaje asumiendo que es propio; por ejemplo la palabra resistencia, entendiendo a la palabra en su dinámica propia y no palabra cristalizada, la podemos comprender desde distintas épocas y contextos; esto es importante ubicarlo porque las semánticas son distintas, hay una resistencia cuya semántica está siendo determinado desde fuera, y hay otra que se hacen esfuerzos por darle contenido desde dentro de ¿Qué tipo de resistencia hablamos? ¿Cuáles son las semánticas de estas resistencias? Hoy podemos aperturar la mirada a esa categoría de manera muy interesante ¿Será acaso la misma resistencia que se habla en el común denominador de los pueblos originarios de Chiapas? Cuando se alude que la música la poesía es un tipo de resistencia ¿Cuál es el contenido semántico de esa resistencia? Ahora bien ¿Cuál es el contenido semántico de la resistencia que se habla en el estar haciendo de movimientos alternativos por ejemplo el EZLN? En la primera de ellas es una resistencia no articulatoria, incluso hasta podemos decir que fragmenta y que ha roto la inquietante unidad que acompañó al movimiento en su génesis, porque se mete en el corazón del movimiento y llena los corazones de otro emocionar metiendo así en crisis todo un movimiento cuya pretensión es la justicia y equidad, entonces la pregunta es ¿Qué es la resintencia? En este contexto. En tanto que la otra resistencia, se llena de la experiencia vital y de las diversas y múltiples emociones: alegría, dolor, esperanza y utopía y desde estos emocionares se le da contenido a la categoría para comenzar a construir proyectos alternativos proyectos posibles de sentido y vinculatorios con los contextos, al decir contextos es con el ser humano y con la misma naturaleza, es decir es una resistencia de lo posible que se caracteriza por comprender que la resintencia es con el otro, se fundamenta en un principio de articulación e incluyente, necesidad ser con el otro  porque esto potenciara esto magmático. Todo esto da claridad que la resistencia es contra un sistema opresor, inhumano y por tanto deshumanizante, es contra un sistema que acaba con la vida; por tanto esta resistencia es por la vida, por la organización como acto de conciencia de Ser desde si. Este giro que es imperante en el uso de los lenguajes nos devuelve conciencia, nos devuelve esperanza porque el contendió se le da desde esa condición genuina de estar mirándonos, estar pensándonos.

Otra palabra que da para mirar y reflexionar el orden de lo dado es la interculturalidad de la que hacemos uso muchas veces porque es impuesta, y son lenguajes que en su penetración, penetran corrompiendo la organización del movimiento de lucha por la vida, está. Estos lenguajes están siendo impuestos como una camisa de fuerza, se trata de discurso instituidos por tanto instituyente que no se abre a las posibilidades de lo dándose.

Abrir la mirada a lo dándose es una posibilidad de construir la historia, sin duda alguna los lenguajes que bien desde arriba, algunas veces no importa que vengan desde la imposición, lo importante es vaciarlas de ese contenido opresor y darle otro contenido, otro sentido. Resemantizar significa comprender la necesidad de aprender a sospechar de esos lenguajes coloniales que meten en crisis a los múltiples lenguajes que nacen desde la alteridad, por otro lado saber la importancia de saber jugar con esos lenguaje del opresor, lo importante es ¿Cómo le damos ese contenido semántico desde nuestra ontología, desde nuestra legitima alteridad, desde nosotros? Es decir un contenido orgánico, un contenido desde el sentir que se desvista, es un esfuerzo por vaciar el contenido impuesto en y desde la categoría como una resistencia a la imposición que nos está determinando y diciendo como debemos de ser en el orden de nuestro movimiento, por eso en la resistencia es impostergable la capacidad, necesidad y potencialidad de resentir, la resintencia es como ese modo de conectarnos con nuestra historia, nuestros dolores como para poder darle sentido a nuestras categorías emancipadoras y desde estas resistencias poder dar a luz a otro mundo menos catastrófico.

Cuando nos hemos atrevido a mirar la necesidad de darle otro contenido a los lenguajes opresores, aprendimos a mirarnos en nuestro corazón, y desde nuestro corazón pretender mirar al mundo, los mundos; ahora miramos ya otra historia, la historia de lo posible, eso posible que podemos hacer desde nuestras lenguas, desde nuestras culturas, sin embargo nos damos cuenta que el camino no es fácil, que a veces damos un paso o dos, pero luego, luego la seducciones de la hegemonía dominante colonial nos cuarta, nos cuarta con sus seducciones que muchas veces se vuelve irresistibles para muchos de nosotros por eso nos encontramos acá luchando, aprendiendo, pero sobre todo desaprendiendoNOS con los primeros gestores de este movimiento que creyeron en sí, que creyeron en la palabra, que creyeron en nuestra historia que la posicionaron y la hicieron visible, y que hoy miramos esa historia en complejidad con esta otra historia gestándose que ahí se empezó a construir la esperanza, miramos en este encuentro de alteridades a las nuevas generaciones que han encontrado herramientas, nuevos dispositivos, nuevos modos de construir y de caminar esperanzas. Cómo dejar de lado todo este acompañamiento que desde su alteridad hemos tenido de los no indígenas, de los hablantes del español y de otras muchas lenguas, de los sujetos diversos, sujetos otros; la academia que nos ha acompañado y que sin duda nos ayudan a poder dialogar dese la sospecha en su intención de colocar de otro modo nuestros saberes, los saberes de los pueblos indígenas, no para que nos mostremos como los hombres y mujeres que podrán salvar esta humanidad, sino que nos mostremos en nuestras legitimas necesidades, en nuestras legitimas posibilidades, en nuestras legitimas otredades, en nuestras legitimas de ser y de estar en este mundo solamente si somos capaces de articular la palabra, esa palabra que teja los múltiples lenguajes que nacen desde la inconformidad, desde el dolor, desde el coraje podremos construir de otro modo este mundo, y aquí estamos caminado, luchando, quizás el horizonte ya se ve más  cerca, pero nuestro andar es más lento, pero con esa fuerza seguiremos transitando y construyendo este mundo que habitamos y que nos habita. En resintencia resintiendo desde la memoria.


[1] Del vocablo Batsi’il k’op –tseltal-. Jelawantesel: pasar, venir de allá para acá;  k’op: palabra.

[2] En un principio las primeras traducciones que se realizaban, no podrían ser nombradas de ese modo, pues en verdad se trataba de un ejercicio de calcos lingüísticos en donde no se le daba lugar los códigos lingüísticos receptores de otro lenguaje. Sin embargo, hay que reconocer que esos trabajos fue el principio del movimiento de la conciencia, un deseo de mirar la traducción como un campo de posibilidades que permita el escudriñar la lengua a manera de búsqueda de sí.

[3] Vale decir que en esta significación y resignificación está inherente el encuentro y reencuentro de los pueblos originarios.

[4] Como exigencia de estar viviendo más allá del instante, como una posibilidad de trascender el instante que construya futuro en el presente mismo.

[5] Podría ser llamado como cultura.

[6] ¿Cuáles son esos tiempos difíciles? Muchas o quizás solo pocas veces nos toca vivenciar en nuestras relaciones con el otro, las otras, otroas carecen de sentidos de vida, y verdaderamente es sorprendente que hasta lo nombramos en este tiempo ya no se confía de las personas, es más que ni de tu propia sombra debes confiar, debes desconfiar… en síntesis el tiempo es el sujeto.

[7] Lo más sorprendente es que el sistema mismo nos está advirtiendo que despertemos, que abramos al mirada.

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