La crítica a la Educación a Distancia está fuera de lugar

Por João Gabriel Almeida

Estamos cometiendo un error al enfocarnos en la Educación a Distancia como el gran enemigo. En el texto anterior, nos referimos a las heridas narcisistas que nos dejó la entrada de lo digital en la educación. Hoy queremos situar lo que, para nosotros, es el problema de fondo: el proyecto educativo.

Luis Bonilla hizo una gran contribución al hablar del papel de los intereses del gobierno de Estados Unidos en imponer la agenda de la enseñanza en casa, vinculándola a los intereses de los sectores ultraconservadores. El responsable en América Latina de Pearson, uno de los grandes monopolios de servicios privados en educación, hizo la perfecta metáfora para lo que quieren: la educación “a la carta”.  Las instituciones educativas dejan de tener un proyecto político pedagógico, pasan a ofrecer “servicios” aislados[1]. Solamente algunas áreas “nobles” como medicina o las ciencias “duras” necesitarían de una estructura más formal, las demás dependerían de la demanda. He aquí la trampa. La propuesta es que, en la ausencia de la escuela o la universidad como eje de organización curricular, otros dos agentes cumplan ese papel: la empresa privada y la familia.

La familia para que la escuela no afecte los “valores culturales” de la familia tradicional, principalmente en lo que dice respecto a la sexualidad. Y las empresas con cursos de capacitación constantes, dependiendo de las demandas para su matriz de valor-producción. Por ejemplo, un amigo que trabaja en Zara como responsable del sector masculino de una tienda, fue seleccionado junto a otras trabajadoras y trabajadores para hacer un curso de capacitación en tejidos biodegradables y presentar al final de este un proyecto.El mejor proyecto fue implementado por la empresa y los que lograron una nota por encima de 9, recibieron otro curso de capacitación en un Instituto de Moda en Milán. La idea acá es clara:  Ellos van a aprender estrictamente lo que la empresa necesita, ese conocimiento va a ser incorporado por la empresa y todo el proyecto educativo va a hacerse alrededor de como generar más ganancia a Zara. En este ejemplo ¿Quién define lo que se enseña?

Basado en eso digo categóricamente que las críticas a la educación a distancia están fuera de lugar, y son un peligro para la capacidad de lectura del presente, pues desplazan del foco el verdadero problema. Muchos profesores y profesoras que están criticando la educación virtual desde sus prácticas análogas, lo que están haciendo, conscientemente o no, es defender a capa y espada la posibilidad del sector privado a pautar qué, cómo y cuándo se debe enseñar. Critican lo digital, pero aceptan con placer las cátedras de emprendedurismo. El mismo joven que hoy no tiene conectividad tenía que pasar horas en un transporte atestado en las grandes ciudades, por la exposición a la violencia urbana y policial para llegar a su ambiente educativo. Las desigualdades ya están ahí y mientras existan, van a ser algo que compromete la enseñanza. Lo único que cambió fue que ahora estamos cayendo en cuenta que la conectividad es un derecho en el mundo contemporáneo, como tantos otros de los que han sido privados las grandes mayorías, estamos lloviendo sobre mojado… ¿Cuál sería entonces el lugar de lo digital?

Me gusta utilizar dos metáforas para pensar el tránsito de lo análogo a lo digital:

1. El Instagram como un eterno domingo de pueblo

Trabajando con profesoras en el Chocó, siempre escuchaba el mismo reclamo: “Las jóvenes pasan demasiado tiempo en las redes sociales”. Un día decidí hacer un ejercicio y preguntarles porque guardaban su vestido más lindo para ir a la misa de los domingos. Primero, me respondían que era para honrar a Dios. Después de un tiempo, siempre alguna admitía: porque a la misa va todo el pueblo. La idea de exponerse a sus pares y ser evaluada por la ropa que vistes, para buscar parejas, y querer saber de la vida de los demás es algo por lo menos tan antiguo como la escritura. Gran parte de la literatura occidental son chismes. Las grandes empresas de publicidad, como Facebook o Google, lo único que hicieron fue entender que podrían cuantificar eso y hacer público cuanto la gente “gusta” de lo que hacemos. Eso resignificó una práctica cultural ya existente y la llevó a una búsqueda aún más voraz por aprobación de nuestro círculo social más cercano, sufriendo así la presión social de conformarnos en una identidad establecida. La iglesia se desplaza para las redes sociales ahora.

2. El cuaderno como una interfaz multiuso

Creo que nadie cuestiona el valor de los cuadernos para la educación. En ellos, los y las estudiantes son capaces de hacer sus anotaciones, registrar sus tareas, los dictados, entre otras actividades que requieran el registro en sala. Pero, a su vez, también han sido el gran espacio de entretenimiento para cuando las clases son aburridas. Algunos escriben poesías, rap, otros dibujan, hacen listas, incluso “chats” con amigos, pasando pequeños papelitos en el salón. ¿Y no es lo mismo con los celulares? El aparato como tal no define su usabilidad, pero sí el nivel de implicación y el deseo puesto en el aprendizaje, esto llena de significado el uso del artefacto.

Desde la primera piedra que una ancestra volvió herramienta, pasó a existir la humanidad.  La técnica y aquello con lo cual hacemos las cosas, modifica y significa nuestra existencia. Somos en tanto nuestra relación con los medios de nuestro hacer. Pero lo que hacemos tampoco está determinado por estos medios, pero sí por el proyecto. La vida digital es una nueva forma con nuevos desafíos, pero no es en sí la solución ni el problema. Dejemos para un próximo mate la charla la pregunta ¿qué significa para la educación crítica el cambio del analógico al digital?


[1] No estamos hablando sobre niñez, ni tenemos claridades como eso dialoga con primera infancia. Estamos pensando la educación de jóvenes y adultos, desde bachilleratos, educación para el trabajo, educación informal y educación superior.

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