Educar virtual y críticamente. ¿Es posible?

De João Gabriel Almeida

            La pandemia del Coronavirus ha puesto el internet y la vida digital más en destaque de lo que ya estaba.  Términos como E-learning, MOOC o Digital, Transmedia y Media Literacy cada vez son más recurrentes no sólo en publicaciones académicas, pero en términos de inversiones de universidades, escuelas y empresas privadas. ¿Qué papel jugamos ahí el pensamiento crítico?

Desde arriba, Telefónica, una de las compañías de comunicación más grandes del mundo, tiene proyectos como Profuturo  que sirven para mostrar su cara de ¨capitalismo humano¨ a través de iniciativas de enseñanza virtual. En el campo de la economía, el Nobel Joseph E. Stiglitz define la necesidad de crear una sociedad de aprendizaje como eje del desarrollo económico.  No es casual que la relación Educación y Desarrollo también esté muy presente en producciones de miembros de organizaciones como el Banco Mundial. Eso pasa porque parte del Capitalismo necesita conseguir sistematizar de manera más precisa el conocimiento global producido en redes, sea por datos o por producción de contenidos, para detener grandes parcelas del terreno digital y venderlo a quien lo quiera utilizar. Cada vez más las terminologías de la lucha agraria en Latinoamérica sirven de metáfora para ese nuevo mundo, pues el modelo económico crea grandes “latifundios” de datos que utilizan para rentabilizar las informaciones que son producidas por todo el mundo.

            La educación a distancia ha sido una preocupación antigua en América Latina. José Martí en 1894 ya había definido la necesidad de maestros ambulantes como una solución para el problema educación en América Latina.  Darcy Ribeiro defendió un modelo de educación por televisión en fines de los años 80 para la región amazónica. Salvador Allende intentó en 1973 desarrollar la internet socialista. Así que somos unos más proponiendo una pequeña contribución desde lo que aprendimos como Institución Virtual.

MOOC como paradigma de la Educación Virtual Colonial y Capitalista

MOOC es la sigla inglesa para Cursos Onlines Masivos, que tiene sus orígenes en los cursos abiertos ofrecidos por el MIT en 2001. La propuesta de los MOOCs es trasladar cursos analógicos de universidades a ambientes digitales. De acuerdo con un estudio de Telefónica, ese modelo está pensado como la pieza fundamental de la transformación de la enseñanza superior. La característica central de ese modelo es ser la extensión del auditorio. O sea, espacios expositivos, generalmente audiovisuales, de los cuales los estudiantes hacen testes basado en la visualización de esos videos. Un ejemplo es el curso CS50 de Havard. El curso para la fecha de esta publicación ha tenido 1,479,852 participantes. La comunidad en Facebook tiene 167.677 miembros. El curso consiste en la grabación de las clases del profesor David J. Malan en un auditorio y actividades de programación por clase. Las interacciones en el grupo de Facebook son preguntas específicas de como contestar los desafíos propuestos en las clases o demonstrar que ha sido capaz de terminar el curso. Como podemos percibir por los números, no es casual que el modelo tenga como parte de su nomenclatura la categoría Masivo. Todo el modelo se define por esa característica. Las evaluaciones son definidas en término de mejor manera de sistematizar los datos producidos por los usuarios. Los formatos de clases expositivos y en carácter no sincrónico de las clases son fundadas principalmente para acceder al número más grande de estudiantes. La idea detrás es que “democratización” es sinónimo de masivo.

Como explica Philip G. Altbach, ese modelo no es tan transparente y accesible como lo hace creer. Como bien traduce el autor, gran parte de las referencias bibliográficas y modelos de pensamiento y enseñanza son de Estados Unidos o Inglaterra. Bill Wildavsky nos va a demostrar que la tasa de finalización de los MOOC para esa fecha no ultrapasaba de un 5%. El  fundamento de este modelo es masificar el pensamiento producido por universidades, en su gran mayoría anglosajonas, que faciliten la producción masiva de datos y conocimiento de manera gratuita para los latifundios de la información puedan prosperar. Los dispositivos didácticos y la lógica interior de ese modelo es acomodar los estudiantes a lo que dicen los profesores, utilizando de elementos de cuantificación para metrificar cuanto de la información expuesta fue correctamente transmitida a los estudiantes. El Masivo como eje estructurante de la experiencia didáctica concibe los espacios digitales como un eje de diseminación, como una manera de hacer llegar su visión de mundo a más gente. La educación fundamentada en lo Masivo no es, por lo tanto, más democrática, pues lleva a la constitución de homogenizaciones. Tomando eso como punto de partida, ¿Qué proponemos como alternativa desde IPECAL?

Círculos de Reflexión como alternativa al Masivo   

El eje estructurante de la experiencia didáctica de IPECAL son los círculos de reflexión. Eso quiere decir que los espacios se fundamentan en potenciar la discusión desde un elemento (texto, video, un reportaje, una pregunta, etc.), trabajar de la manera en que lo máximo posible de participantes produzcan conocimiento desde eso y de sus experiencias subjetivas y comunitarias para que la colectividad sea capaz de producir síntesis de lo debatido. El coordinador cumple una función similar a los moderadores de foros digitales. Evita monopolios de conversación, organiza la distribución de tópicos de discusión y auxilia en la construcción de las síntesis de los debates.  Los coordinadores nada más son que miembros más antiguos de la misma comunidad, y trabajan para hacer con que los miembros perciban su participación como elemento relevante para la construcción de la comunidad.

Al contrario de la idea masiva, podemos pensar que los círculos favorecen una idea más similar a la P2P, ya que cada miembro de la comunidad educativa participa en distintos círculos cumpliendo funciones distintas. Por lo tanto, el conocimiento no se propaga desde una fuente, pero más bien circula entre los miembros de la comunidad desde la elección de como esos miembros deciden compartirla. Si pensamos la tecnología como extensión de los sentidos humanos, el proceso educativo desde nuestra propuesta es pensando en la expansión de una cadena de afectos.

La disputa de la educación en la era digital pasa por definir bajo qué concepto de arquitectura de información vamos a compartir el conocimiento. La lógica colonial y capitalista va a operar por la centralización constante del mismo, creando modelos en los cuales hay un formato de difusión de una opinión legitimada, como si los profesores fueran los “servidores del conocimiento”, para un público masivo que puede tener altos niveles de interacción, pero como prosumidores del contenido, sin poder intervenir realmente en su construcción. Un modelo muy similar al mercadeo digital en formatos como nos explica documentales como Generation Like.

El modelo para las epistemologías críticas tiene que estar fundamentado en lógicas P2P, o sea, de círculos en los cuales los miembros de la comunidad transitan y son los agentes que permiten que el conocimiento se comparta. Eso quiere decir que necesitamos pensar de manera más categórica lo que es construir pensamiento crítico desde la educación digital.

En tiempos de cuarentena, muchos educadoras y educadores que negaban pensar los espacios digitales terminaron “forzados” a hacerlo. Es el momento de proponer esos debates, para que tengamos nuestras formulaciones y no nos volvamos rehenes de las industrias educativas, lo que pasa no sólo por lo que decimos acá, pero como garantizar condiciones de conectividad para que no sean modelos excluyentes. Pero esa queda para el próximo mate.

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