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Coyuntura, por Luigi.

EL PROCESO

La reflexión coyuntural que se pretende hacer emerge a partir de la denuncia pública de acoso sexual en contra de Boaventura de Sousa. Si bien la articulación de está coyuntura parte de la discusión y reflexión grupal que se ha realizado con distintos coordinadores del IPECAL y en varias sesiones, el trabajo de organización y representación narrativa es personal. El proceso grupal es importante, pero es la colocación de cada uno la clave para que lo de uno no se pierda en lo grupal. En el proceso, las palabras claves y categorías que se traen en esta reflexión emergieron durante el trabajo grupal, pero la selección de los puntos de referencia, la organización subjetiva, metodológica e intelectual está sujetada a la lógica argumentativa del autor.

La coyuntura a analizar el caso de Boa se lleva a discusión por iniciativa del mismo equipo ya que surgió el deseo por participar en la obligación social de alinearse a las opciones morales ideológicas de condena que estaban emergiendo rápidamente, pero nos detuvimos a pensar retando la respuesta vertiginosa para permitirnos lecturas profundas que hagan consiente lo que pasa en medio del proceso estimulo-respuesta, y para abrirnos a la vulnerabilidad de vernos como sujetos en relación a las tendencias sociales. Las simplificaciones, prejuicios, impulsos, y todo aquello que nos lleva a una respuesta rápida se pone en reposo para comprender los elementos que determinan nuestras respuestas.

La complejidad de la coyuntura concreta que se está pensando aumenta al reconocer que tiene elementos que afectan el mundo interior del sujeto y nos empuja a representar la afectación de manera practica y social (consciente o inconscientemente). La epidermis y lo corpóreo, como filtro del vínculo energético con la vida, absorben y representan de alguna manera las coyunturas actuales, pero esto también trae coyunturas en tiempos y espacios distintos que se actualizan por la historia de cada uno de los sujetos. Las coyunturas encarnadas van generando trayectorias que transitan por las tensiones y distensiones que son interpretadas según la relación que los sujetos, y sus nudos problemáticos, vayan construyendo con el contexto y la realidad.

Al mismo tiempo, distanciarse para leer lo coyuntural desde el darse cuenta del sentir, permite la búsqueda del sentido; y la lectura de respuestas coyunturales, da pistas de lo valorativo contextualmente representativo y comunitario. El reto está en que la pausa evaluativa permita alumbrar caminos de representación, con cierto nivel de autonomía, que permita abordar la realidad con alternativas propositivas. Las fuerzas determinantes de lo coyuntural, como lógicas de sentido que lo construyen de manera evidente y tácitamente, se disgregan para sintetizarlas e incorporarlas como elementos de observación en microespacios a manera de laboratorio clínico. El cómo opera lo coyuntural se mueve a una dimensión distinta donde se encarna en lo íntimo para enfrentarse a lo cotidiano, con la tarea de reconocer la propia contribución a la polarización de los tiempos por la floja dependencia lógica-costumbrista, y en cambio, esforzarse por identificar construcciones inéditas que den lugar a articulaciones que permitan nuevas construcciones de conocimiento con perspectiva crítico-hermenéutico.

La coyuntura que nos convoca a ser pensada obliga a sacar inicialmente todo aquello que se ajusta al entorno psíquico, cultural, político, social e ideológico, para identificar rasgos comunes de lógica interna con resonancia social de la época. Identificando así lo que sale, pero también para descubrir lo tácito. Poner en sospecha aquello que se ajusta a lo cultural o ético es esencial para poder cuestionar lo cristalizado y observar los movimientos de aproximación al problema. Como primer reto, está el alejamiento de aquello que sostiene de manera moralista a la época, no para necesariamente construir un argumento en contra de ello, sino para modularlo de una manera que permita escuchar elementos no tan evidentes que se encuentren alrededor y que no han sido tomados en consideración.

Una vez que las manifestaciones sociales evidentes se nombran, la tarea es hacer una lectura categorial para reconocer los posibles grupos abarcadores del problema, y para ello el esfuerzo pasa por identificar conceptos claves con contenido que se puedan construir a partir de conceptos secundarios e ideas sacadas a partir de la escucha de la manifestación de la coyuntura y la tendencia de respuesta de la época.

En el proceso categorial del pensar la problemática actual lo que emerge como aparente moral universal está relacionada con la inmediates, superficialidad, la homogeneización, la polarización, el deseo punitivo, la precarización del vínculo comunitario, la sexualización de la época, la exigencia a opinar y otras; lo cual nos lleva a preguntar cuáles de estas palabras claves nos da cuenta del contexto para desde ahí ver cómo construir conocimiento. ¿Por qué nos sentidos apurados para dar una opinión? ¿Qué buscamos con eso?, por ejemplo, son preguntas que salen al identificar estas ideas de entrada, y si son preguntadas honestamente, conectan inmediatamente con aspectos subjetivos de los que hay que hacerse cargo emocionalmente. La personalidad del pensador crítico va más de cerca a ser políticamente incorrecto al dar un paso atrás para poder pensar y poner en duda la aparente cristalización de lo temporal.

En ese sentido, la lectura crítica de la realidad requiere que lo emergente se pase por la experiencia de uno para activar el ángulo de mirada y evitar caer en ejercicios meramente teóricos, ya que, para nuestro interés, lo simplemente simbólico superficial no apunta a afectar estructuralmente los micro y macro contextos en los que nos desenvolvemos. El pensar crítico es una constante lectura que acompaña al compás de la vida, que va y viene entre lo macro y lo micro, con fuego revolucionario e inclusive enfrentando al mundo progresista, para cambiar los espacios mórficos.

 

LA LECTURA CATEGORIAL

Para pensar la coyuntura, se toma en cuenta la emergencia de la precarización del vínculo comunitario y el deseo punitivo como elementos claves a la observación de la realidad, pero que no podrían articular lo que se desea observar a no ser que se tome en cuenta a la sexualización de la época, especialmente en el rol que cumple para la generación de una coyuntura. El vínculo precarizado entendido no sólo como la falta de capacidad de sintonizar con la otra persona sino con la deteriorización del vínculo con todo aquello que interviene en la conexión intersubjetiva. Me pregunto si las pocas alternativas para crear momentos intersubjetivos de calidad representan la reducción de espacios para relacionarnos y conocernos profundamente.

La polarización, evidente en nuestros tiempos y reforzada por los algoritmos de los medios sociales, ha generado posturas duras e intransigentes que terminan filtrando maneras de pensar y de relacionarse con el mundo, y como consecuencia emergen espacios de relación homogeneizados. La pérdida de interés por entender al otro, la preferencia por el pensamiento homogéneo, y la retribución subjetiva por andar en círculos de verdades cristalizadas compartidas, ha roto la profundidad del vínculo que emerge cuando hay un honesto interés por entender las particularidades del otro. Lo cómodo y lo aceptado ideológicamente valora lo inmediato. La costumbre de la inmediates termina siendo demostraciones de pertenencia a algún grupo determinado que corren el peligro de ser controladas por la emoción y de ser superficiales. Sería oportuno pensar el corto momento como esfera a ser problematizada ya que, de no ser así, entrena a participar de esa inmediatez que se fortalece con la exigencia de opinar y demostrar el lugar de pertenencia, las afinidades y los afectos al instante.

El deseo punitivo, como otra categoría que emerge y engloba a la conversación, tiene que ver también con el rol del poder. Quien juzga posiciona su propia percepción e interpretación de la vida como el punto de referencia en las reglas sociales. El juzgamiento, con mensaje resonante, podría llegar a situarse como la voz moral en un contexto determinado y en un tiempo específico. Esto siempre y cuando represente, no sólo el malestar que se comunica, sino también el deseo por visualizar las potenciales jerarquías simbólicas que se van formando a partir del juzgar. El esfuerzo por posicionarse en la superioridad de la jerarquía social se va construyendo también en el proceso en donde el juzgado va siendo condenado, lo que genera una emergencia de jerarquías espontaneas que van manifestándose paralelamente con las jerarquías institucionales que ya existen, pero que, específicamente en el caso que se está analizando, apuntan a erosionar el espacio institucional.

El condicionamiento por juzgar pasa por ese elemento de la inmediatez, del vínculo precarizado, que activa lo afectivo emocional como motor para generar una respuesta impulsiva. Sólo el detenerse a pensar o el demorarse genera una angustia aparentemente desestabilizadora por no participar en el resonar del juzgamiento. La impaciencia abruma y puede llevar, si es que no se tiene claro el proceso al que uno se involucra para pensar la coyuntura conscientemente, a la pérdida de sentido de lo que se está haciendo, y el reto con esto está en que el problema se mantiene en la externalidad y niega la posibilidad por articular elementos de manera nueva para generar movimientos epistémicos transformadores por el pensar consciente.

La impermeabilidad de lo micro, cuando se trae lo coyuntural para pensarse y hacerse consciente, hace que el proceso pierda sentido por el énfasis de lo externo y el juzgamiento. Este distanciamiento coyuntural se complementa con la sexualización de la época, que funciona como eje central de la problemática que afrontamos y matiza la lectura categorial, ya que aporta un elemento clave en el mundo mercantilista. La repuesta contundente contra el acoso sexual anda llena de sentido, pero la pregunta está en si ese sentido ya está generado por la fascinación que el mundo mercantilista tiene por todo aquello referente al sexo. Y si el pensar más allá del acoso sexual corre el riesgo de perder sentido y energía en la lectura de la realidad, la pregunta llevada a lo micrológico está relacionada con la influencia del mercantilismo en uno, y de cómo eso no deja sostener la construcción crítico epistémica de las problemáticas.

Por la importancia que tiene el ir más allá de lo determinado, el proceso de categorizar, seleccionar las categorías que dan cuenta del contexto, agruparlas como observables, problematizar a partir de esas categorías englobables para traerlas a lo micro para luego regresarlas a lo macro, y de esa manera construir relaciones posibles y preguntas profundas que responden al propio deseo por conocer, debemos terminar con algunas problematizaciones que nos abran la posibilidad de aproximar la realidad de manera distinta.

Con respecto a la actual coyuntura, ¿vale la pena preguntarse por el rol de la cultura mercantilista como influyente fundamental en cómo se está respondiendo? Y si es uno de los factores, ¿qué otros bloqueos de movimientos epistémicos transformadores están también emergiendo en este caso? ¿Son poder, mercantilismo y el ajusticiamiento claves constantes en lo coyuntural? Una categoría nueva es la retribución subjetiva, y en ese sentido habría que preguntarse si la retribución subjetiva tiene la fuerza de fin (moral) de la época. Y si ese es el caso, ¿es Boa producto, y víctima a la vez, de la manifestación y adopción de la retribución subjetiva? Lo que queda claro es la importancia por pensar en las creaciones jerárquicas espontaneas y simbólicas que estamos creando, y así, preguntarnos por las lógicas de pensamiento que aquellas representan. También quedan preguntas por los espacios intersubjetivos. ¿Cuáles son los espacios que permiten momentos intersubjetivos de calidad (respeto, dignidad, resonancia, etc.)? ¿Cuáles son los espacios que tenemos para relacionarnos y conocernos profundamente? ¿Y la reducción del tiempo? ¿Cómo pensamos y problematizamos al corto momento en relación a la precarización del vínculo? ¿Cómo contribuye la inmediatez – fortalecida con la exigencia de opinar y demostrar las afinidades y los afectos al instante – a remplazar la relación intersubjetiva por la retribución subjetiva?

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